Patada al machismo – Begoña Marugán Pintos

El deporte es un elemento central de la modernidad al crear la ficción de la igualdad. Teóricamente al fútbol puede acceder cualquier persona, pero en la práctica sirve para comprobar la igualdad de los iguales, pero también la discriminación de las desiguales. Observar lo que sucede en este ámbito permite dar cuenta de que, a pesar de los pequeños avances, la discriminación persiste. Un breve repaso a los acontecimientos que han precedido al mundial femenino sirve para constatar esta afirmación.

Entre el 6 junio y el 5 de julio tendrá lugar la Copa Mundial Femenina de Fútbol que disputarán veinticuatro selecciones. El torneo se celebrará en Canadá y supondrá el debut mundialista de la selección española, pero no se ven banderas en los balcones, camisetas de la selección por la calle, ni se escucha quedar a la gente en el bar para ver los partidos. Hay muy poco reconocimiento a la selección femenina cuando su mérito es inmenso. Este equipo de mujeres está haciendo historia al ser capaz de superar la fase eliminatoria y clasificarse para el Mundial, a pesar de las desfavorables condiciones en las que se practica en España este deporte.

La discriminación laboral de las mujeres en el fútbol se muestra a través de múltiples caras, existiendo una discriminación de hecho y de derecho. Sigue en vigor el art. 24 del Real Decreto 1835/1991, de 20 de diciembre, sobre federaciones deportivas españolas que sólo admite una categoría profesional por sexo, es decir, que si existe la masculina ya no puede existir la femenina. También el art. 122 del Reglamento de la Real Federación Española de Fútbol, que excluye a las mujeres de la consideración de futbolistas profesionales, con todo lo que esto supone. Así, el éxito conseguido por este equipo lo ha sido gracias al esfuerzo, ilusión y gran tesón de estas mujeres que han tenido que eliminar a sus rivales y dar una patada a ese machismo que les hace invisibles y limita sus derechos, posibilidades y expectativas.

Las jugadoras ven el Mundial como una posibilidad de reivindicarse haciendo un buen papel, pero no les será fácil. Se medirán con selecciones como las de Estados Unidos y Alemania en las que las jugadoras pueden vivir de su profesión. En cambio, en España para llegar hasta aquí muchas habrán tenido que compaginar el deporte con los estudios o el trabajo; o marcharse si querían dedicarse al fútbol, como les ha sucedido a Vero Boquete, Natalia Pablos, Vicky Losada o Celia Jiménez. Por ello, a nadie puede extrañar que el lema de la selección sea “Jugar, luchar y ganar”. Ellas mejor que nadie saben de luchas, porque a la superación de las dificultades nacionales se ha añadido una serie de circunstancias discriminatorias que no se habrían producido en la organización de un mundial de fútbol masculino.

La sombra del machismo es alargada

A finales de septiembre la FIFA anunció que la competición del mundial de fútbol femenino se realizaría sobre césped artificial. Este es un hecho inédito, cuando además la propia UEFA y la FIFA prohibieron disputar partidos profesionales en superficies artificiales en los años ochenta ante el riesgo del incremento de lesiones y los veinte mundiales masculinos se han disputado sobre hierba.

Las jugadoras consideraron que a los hombres nunca les habrían planteado jugar en este tipo de superficie y valoraron esta decisión discriminatoria. Según las futbolistas, el césped artificial altera la forma del juego, restándole vistosidad y aumenta el riesgo de lesiones, además de devaluar su dignidad requiriéndoles que jueguen en una superficie de segunda categoría. Por estas razones sesenta y una de las mejores jugadoras del mundo presentaron el 1 de octubre una demanda ante el Tribunal de Derechos Humanos de Ontario por discriminación de género. Pero la FIFA, a pesar de haber firmado la Declaración de Brighton de 1994 -que pretende asegurar que las mujeres tengan la misma oportunidad para practicar su deporte con dignidad- ha hecho caso omiso a su compromiso. Para dilatar el proceso, primero rechazó la competencia del Tribunal de Derechos Humanos de Ontario y solicitó que el caso pasara directamente al TAS, y finalmente convino en la aportación de un seguro asistencial más amplio para lesiones permitiendo el desarrollo del campeonato en este terreno de juego.

Continuaba así esta Federación y especialmente su presidente dimisionario Joseph Blatter -hoy día inmerso en escándalos de corrupción- la senda machista de la que hiciera gala tras el mundial femenino de Alemania, en el que -a pesar de la afluencia de público a los estadios- aconsejaba que las jugadoras utilizaran pantalones más cortos y ceñidos para aumentar la popularidad de este deporte.

Sin embargo, aún no habían acabado las sorpresas discriminatorias. La última conocida es la solicitud de la FIFA de una prueba de verificación del sexo a las jugadoras de las veinticuatro selecciones. El art. 4 del Reglamento para la Verificación de Sexo indica lo siguiente: “En las competiciones para hombres de la FIFA, solamente tienen derecho a participar hombres. En las competiciones femeninas de la FIFA, solamente tienen derecho a participar mujeres”, siendo las asociaciones las responsables de asegurar que las jugadoras que no encajan en el estereotipo femenino sean “verificadas”.

La normativa de la verificación se adoptó en el último mundial femenino, pues nunca se habría hecho en el masculino, cuando se acusó a tres jugadoras de ser hombres. Su aspecto físico -y sobre todo sus excelentes resultados deportivos- parecían no corresponderse con los propios de su sexo.

Este Reglamento acaba de un plumazo con los progresos logrados en décadas de feminismos, en los cuales se han deconstruido los estereotipos femeninos y masculinos. La FIFA impone una prueba de verificación de sexo según la cual si el aspecto de la jugadora no coincide con el estereotipo de mujer, ésta será “sospechosa” y sometida a la humillante “inspección de su sexo”.

En la tabla que impone la FIFA, cualquier anomalía de las características sexuales secundarias, como tener vello corporal o una gran musculatura, pueden servir para asegurar que las jugadoras no sean del “sexo correcto”. Estas diferencias entre hombres y mujeres no sólo son obsoletas y discriminatorias, sino además acientíficas, porque se basan en la idea de que la sexualidad humana puede reducirse a dos categorías. La ciencia no tiene parámetros claros que determinen qué es ser hombre o mujer. Todos tenemos hormonas femeninas y masculinas en diferentes grados que varían a lo largo del tiempo y, obviamente, no todas las mujeres son iguales entre sí a nivel hormonal, cromosómico o de aspecto.

Este Reglamento, además, incumple todo tipo de pronunciamiento legal y normas internacionales empezando por la Declaración Universidad de Derechos Humanos de 1948. Se vulnera la declaración del derecho a la dignidad de la persona y la no discriminación por causa de sexo. Antes de embarcarse rumbo a Canadá, las jugadoras han debido demostrar masivamente a sus federaciones que son mujeres y, después, basta con que un equipo considere que tiene “motivos y evidencias” de que una jugadora podría ser en realidad un hombre -por ejemplo, buenos resultados- para que inicie una “investigación a fondo” y las mujeres que se nieguen a participar en este escrutinio humillante sean sancionadas.

La superación de todo este tipo de dificultades hace aún más grandes a las mujeres que van a luchar por la Copa del Mundo. La selección española sabe que vive un sueño y lo quiere aprovechar para reivindicar la igualdad.

Soñar en Grande

Para conseguir visibilidad y agitar la pasión que despierta el combinado masculino las jugadoras hicieron su presentación con el documental “ Soñar en grande”. Ellas no han tenido referentes femeninos, pero ellas lo van a ser de muchas de nuestras niñas porque gracias a este mundial la selección femenina ya es visible. Y lo va a ser mucho más porque la televisión pública, tras cierta presión, ha adquirido el derecho a retransmitir los partidos. RTVE ha asumido el artículo 20.1 de la Ley 7/2010 General de la Comunicación Audiovisual, que establece la exigencia de emitir los partidos oficiales de la selección española absoluta de fútbol y de baloncesto  en abierto. Se hace así justicia, puesto que la norma no diferenciaba entre las selecciones masculina y femenina. No era lógico que aquí no se conociera a mujeres como Vero Boquete, nominada para el Balón de Oro y a la que los expertos de la cadena estadounidense ESPN sitúan en su ranking como la tercera mejor jugadora del mundial.

Poder ver los partidos por televisión y que, como recientemente se ha conocido, el nuevo FIFA 16 de EA Sports -uno de los videojuegos más vendidos en todo el mundo- incluya doce selecciones femeninas son dos pequeños acontecimientos que ayudarán en la construcción de la igualdad. Acabar con la dictadura de género -a pesar de la FIFA- que marca espacios, roles y expectativas según el género no es tarea fácil, pero algunos gestos tienen un gran significado simbólico y a base de entrenamiento y constancia se van dando patadas al machismo.

Begoña Marugán Pintos

Integrante del Gidyj

Publicado en: Eldiario.es

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